Espartana y Guerrera

Espartana y Guerrera

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sábado, 14 de febrero de 2015

Sorpresas de la vida.



  La vida es una sucesión de sucesos que suceden sucesivamente. Y, efectivamente, así es. 
  Sucesos, sorpresas, alegrías y decepciones están a la orden del día, a la vuelta de la esquina. Esto fue, es y seguirá siendo así por los siglos de los siglos.

  Da lo mismo que tú estés implicado o no, que tú formes parte activa o no, si te tiene que llegar no te preocupes que te llegará.

  "Vivimos en una sociedad donde mentir se volvió rutina, traicionar en monotonía y ser hipócrita es la ropa de hoy en día". Esto es lo que hay, sin más.

  Llamadme antisocial, pero yo no entro en este juego.

  No me gustan las mentiras, qué le voy a hacer, soy así. No hay nada más agradable que ir con la cabeza bien alta por todas partes porque nadie me puede reprochar nada, más bien al contrario, que yo valgo más por lo que callo que por lo que hablo.

  No me gustan las traiciones, si alguien me gusta se lo demuestro y doy mi confianza, si alguien no me gusta o considero "persona tóxica" me alejo sin más; ni bien ni mal, cero.

  No me gustan las personas hipócritas. ¿Por qué fingir? ¿Para qué hacer un papel? ¿Es que acaso hay cámaras grabando? ¿Es una postura para lograr un Óscar? Mi cara refleja en todo momento lo que pienso y siento y no tengo que mudar mi semblante por nada ni por nadie, porque repito, yo soy así.

  Quien me conoce sabe como soy.
  Quien cree que me conoce creo que en realidad no tiene ni puta idea de como soy.
  
  Juzgar y condenar sin siquiera preguntar, sin explicaciones ni preguntas, sin palabras, sin razones aparentes, parece a día de hoy algo fácil y gratuito, algo simple y rápido cuando se trata de los demás, cuando se carece de empatía y se rebosa crueldad.

  No tengo que justificarme ante nadie, son mis actos los que hablan de mí, los que han hablado y los que seguirán hablando. Aunque algunos no puedan decir lo mismo, sus actos dejan mucho que desear...

  El tiempo me dará la razón así que, tiempo al tiempo, compañeros.

  Y lo que tiene el tiempo es lo que tiene, que pasa y no se detiene.

  El tiempo pasa, la vida sigue y, por si lo queréis saber, yo tengo una vida, propia, real y, gracias, pero no quiero ninguna más, con la mía soy la mar de feliz.


  En aprendizaje contínuo.
Siempre hay un lado bueno de las cosas.

jueves, 29 de enero de 2015

Pide un deseo.



  Venga, vamos, piénsalo bien, tienes la oportunidad de pedir un deseo.

  ¿Ya lo tienes?
  ¿Seguro que es eso lo que quieres?
  ¿Ya está?

  Bien, ahora, cierra los ojos y susurra tu deseo.

  Ahora que ya has dado todos los pasos... ¡ponte las pilas y haz que se cumpla!
  Sí, has leído bien, haz que se cumpla. Porque como esperes que se cumpla por sí solo lo llevas claro y, no se te ocurra pensar que alguien lo va a hacer por ti, eso sólo ocurre en tus mejores sueños.

  Esperar que los deseos se cumplan, así, como por arte de birlibirloque, por fortuna divina, por alguien a quien crees que le importas no te va a llevar a otro estado que a la desilusión. Da igual si has lanzado las indirectas acertadas, o si has lanzado directas claras, concisas y precisas sin parar, el resultado, salvo en raras excepciones, es siempre el mismo.

  Así que, dime, ¿quieres que se cumpla tu deseo?
  ¡Pues a por él! 
  Ingéniatelas para que así sea. Lucha por él. Búscalo. Pon todo lo que esté de tu parte para conseguirlo y lo tendrás. Y, además, tendrás no sólo tu deseo, también tendrás tu ilusión y tu satisfacción de haberlo consigo, de no necesitar a nadie, de no deber nada a nadie por ello, de saber que si te esfuerzas tienes tu recompensa.

  Yo ya estoy en busca de mi deseo, ¿y tú?

viernes, 14 de noviembre de 2014

Algo extraño está pasando.



  Llevo unos días con unas sensaciones extrañísimas. No sé qué es lo que pasa, pero algo no va bien...

  El sillón está como si alguien hubiese estado sentado hace un rato, pero nadie de la casa a utilizado el sillón.

  En el baño hay humedad como si alguien hubiese salido de la ducha ahora mismo, pero estoy sola en casa.
  
  Voy a la cocina y me encuentro platos y vasos en el fregadero, estoy absolutamente segura de que anoche dejé todo limpio y recogido, hmm...
  
  Voy a preparme un café y, estoy casi segura, ya dudo, que me quedaba más café del que tengo. En fin, lo apuntaré en la lista de la compra.

  Abro el frigorífico y me falta el zumo. Por ahí sí que no hay dudas, anoche mismo metí un brick para que estuviese fresquito. Esto ya se está poniendo serio.

  La cama que estaba recién hecha aparece revuelta y no hay nadie, sólo estoy yo.

  Esto ya pasa de castaño oscuro. Aquí pasa algo y tengo que averiguar qué.

  Empiezo a cerrar todas las puertas y ventanas.
  A mirar debajo de las camas.
  A mirar dentro de los armarios.
  A buscar en la bañera... nada, tampoco.
  No hay explicación lógica. Aquí no hay nada.

  Pasan los días y seguimos más o menos igual, cuando no pasa una cosa, falta otra. Yo sigo intentando encontrar una explicación razonable porque todo tiene una explicación pero de momento no la he encontrado.

  Siguen pasando los días. Todo sigue igual, faltan cosas, se cambian de sitio solas, están desordenadas... pero no pienso rendirme, esto lo soluciono yo aunque me lleve tiempo, pero lo solucionaré.

  Me encuentro con una vecina y al verme mala cara me pregunta si me encuentro bien, así que decido contárselo. Necesito desahogarme un poco, quizá esté paranoica, ya ni lo sé, pero no puedo más.

  Le voy contando y ella parece que no se sorprende. Yo creo que piensa que estoy loca, seguro que llama a alguien y esta misma tarde me internan en un manicomio.
  Sigo contando la situación y ella asiente con toda naturalidad. Sí, creo que mis sospechas serán ciertas... al manicomio de cabeza que voy.
  Termino de contarle y empieza a hablar con una sonrisa de amabilidad...
  -¿Te acuerdas de cuando tuvimos que reformar el edificio? Me dice.
  -Sí, claro que me acuerdo, ¿por qué? Le contesto yo.
  -¿Recuerdas que le dejamos las llaves al que entonces era presidente? ¿Al del quinto? ¿El que tiene el BMW?
  -Sí, me acuerdo. Pero yo te estoy hablando...
  -No eres tú la única a la que le pasan "esas" cosas. Yo me dí cuenta hace poco. Déjame que te cuente. El caso es que cuando le dejamos las llaves Manolo hizo copias, entonces las cosas le iban bien y todo funcionaba con normalidad, las mantenía guardadas por si pasaba algo, pero la situación cambió. Le redujeron sus ingresos y necesita más dinero para seguir con su tren de vida. Como no quiere que nadie sepa de su estado decidió utilizarlas. Entra en las casas y va tomando lo que va necesitando, un café, un zumo, una ducha...
  - Y ¿por qué no lo pide? Quiero decir, si a mi me lo dice no me importaría que viniese a desayunar, o darle un paquete de café...
  -Ya te lo he dicho antes, porque no quiere que nadie se entere de su situación.
  -Vale, pero ¿él conoce la mía? Quizá yo lo necesite más que él pero no entro en las casas de nadie a tomar nada, si puedo lo tengo, si no puedo pues me aguanto.
  -Qué me vas a contar a mi... con los últimos céntimos que me quedaban compré un litro de leche y otro de zumo para que desayunasen los niños y cuando nos levantamos por la mañana no estaban. Se comieron cuatro galletas que nos quedaban...
  -¿Y no le habéis dicho nada?
  -Qué le vamos a decir. Sabemos quién es ¿recuerdas, el del BMW? Quién nos va a creer... Lo único que hacemos es que le dejamos lo que creemos que puede necesitar pero, eso sí, echamos el pestillo de las habitaciones por precaución... ya sabes... estamos dormidos... y... no sé... me da cosa... mejor prevenir.
  -Pues yo no consiento eso, lo siento. ¿Todo eso por seguir con su "tren de vida"? ¿Todo eso sin preguntar? ¿Sin pedir permiso? No, por ahí no... Cada uno tiene que ser consciente de lo que puede o no hacer y hasta dónde puede o no puede, pero lo que no se puede consentir es que siga en "su tren" a costa de los demás. 
Ahora mismo me voy a comprar una cerradura ¿te vienes?
  -Sí, creo que lo mejor será ir contigo a comprar otra.

  Así es como me siento...

...tras haberme enterado de que mi compañía de internet entró en mi router y me activó un servicio sin mi permiso, el 2º cablemodem.
  Parece ser que mi router tiene dos cablemodem, uno para mi red wifi y el otro para compartir con el resto del mundo.
  Según ellos no afecta a mi velocidad, pero sí que afecta y mucho.
  Llevaba tiempo preocupada porque el ordenador no funcionaba bien, en el móvil las redes sociales iban fatal y la nueva tablet... ¿cómo no iba a funcionar bien si no tiene nada?
  Mirando por aquí, por allí hasta que... ¡Zas! ¡Lo encontré! 
  Gracias a comentárselo a una amiga y, casualidad, a ella también le había pasado. El problema estaba en el router, y en esa pequeñita luz, que pensé que estaba medio fundida, no... es porque el router está medio desbloqueado y todo el que pase cerca de mi casa que sea de la misma compañía no es que sólo se pueda conectar, es que se le conecta su móvil directamente.
  Todo esto siempre y cuando yo mantenga mi propio router encendido, claro, porque si le apago la "red wifi solidaria" desaparece.

  Resumiendo:
- Me han entrado en mi wifi.
- Me han activado un servicio sin informarme y sin mi consentimiento.
- Me baja, y mucho, la velocidad.
- Permito, sin saberlo, que gente que no conozco de nada se conecte a mi router el cual yo mantengo eléctrica y monetariamente.

  ¿Y qué recibo yo a cambio?
- Un dinero menos al mes.
- Mala conectividad.
- Conexiones interrumpidas.
- Pérdidas de tiempo.
- Dejar la puerta entreabierta para que alguien pueda entrar en mi red.

  ¿Qué hace la compañía de internet por mí, que soy la que paga mensualmente?
- NADA.
  Ni una explicación, ni una solución, ni una rectificación, ni, tan si quiera, darme de baja de dicho servicio, al cual accedí a darme de baja gracias a un enlace que encontré en la red a través de mi móvil, que afortunadamente, no es de la misma compañía, porque en la cuenta de cliente de dicha compañía no aparece que yo sea una "routera solidaria" en cambio, sí que aparece para que me dé de alta para poderme conectar en los wifis privados a través de mi móvil.

  Siento que han violado mi privacidad.
  Han entrado en mi casa sin mi permiso y han tocado mi router (aunque no haya sido físicamente).
  Me siento engañada.
  Me siento estafada.

  La compañía es ONO. 
  La red solidaria se llama _AUTO_ONOWIFI.
  Si buscáis redes wifi y os aparece esa, recordad que hay alguien detrás manteniendo ese router.

  Así amplian coberturas en redes móviles y siguen en su tren de vida...

¡PAGAS TÚ!

viernes, 17 de octubre de 2014

La fábula del avestruz, la zorra, el cerdo y la garrapata.



  Érase una vez en un país de animales variados donde los corderos eran gobernados por un avestruz, una zorra y un cerdo, entre otros.

  El avestruz sólo sabía hacer cosas de avestruces. Picar la comida, quitártela a ti, correr y, llegado el caso, meter la cabeza bajo tierra para hacerse la desaparecida. Nadie se explicaba cómo pudieron elegir al avestruz para esa tarea, pero así fue y ahí estaba.

  La zorra era, contrariamente a lo que son las zorras, un poquito torpe. Por eso fue que el avestruz decidió darle un puesto en cuestiones de máximo nivel de seguridad de los corderos. Era su sitio ideal ya que lo que se tenía previsto para ese sistema era dejarlo en manos de las ratas y ya, que los corderos se las apañaran con ellas.

  El cerdo era el que mejor se lo montaba. Llevaba las mismas tareas que la zorra pero en vez de la seguridad de todos los corderos, sólo a los del poblado central. Así era menor su tarea y podía estar bien comido, bien bebido y vivir como lo que era, un cerdo, un cerdo bien gordo.

  Llegó un buen día en el que dos corderos que habían atravesado un gran charco para ayudar a los corderos de otro territorio cayeron enfermos, muy enfermos. Tenían algo muy malo y querían venir al territorio donde nacieron para terminar sus días, ya que lo que tenían era realmente malo. 
Todos lo conocían, todos sabían lo que era, pero realmente nadie sabía cómo acabar con ello, era la mortal garrapata. La garrapata nadie sabía por dónde entraba, lo único que sabían era que una vez que entraba era muy difícil encontrarla y hacerla salir.

  El avestruz llamó a la zorra y al cerdo para ver qué podían hacer al respecto. Hablaron durante cinco minutos, tiempo muy superior al habitual, y decidieron que lo mejor era traer a los corderos a su lugar de origen ya que les proporcionaría beneficios en pasteles monacales, que eran los favoritos del avestruz y sus secuaces.

  Todos los expertos en garrapatas pusieron el grito en el cielo. 
-¡Podría pasar de un cordero a otro! 
-¡No deben traerles! 
-¡Se debe intentar buscar a la garrapata allí dónde las encontraron! 
Pero para el avestruz era más importante pensar en sus deliciosos pasteles y no hicieron caso a nadie. 
Desoyendo todas las explicaciones, todos los motivos, todas las razones, explicaron a los corderos que no pasaba nada, que le meterían en un saco de arpillera y así la garrapata nunca podría salir a buscar ningún cordero.

  Cuando los trajeron por fin, decidieron llevarlos al poblado central. Era el sitio ideal antes de que decidieran ir dándoselo a las ratas poco a poco. Ahora no. Pero no quedaba otra opción, ahí estarían en todo el centro y... no fuera que los pasteles llegasen con retraso.

  Los corderos que se dedicaban sobre el terreno a la seguridad del poblado central tuvieron que hacerse cargo de los corderos que llegaron con la terrorífica garrapata. Se dedicaban a la seguridad, sí, pero nunca les habían explicado cómo tenían que hacer sus funciones ante semejante bicho. 
Nada, una pequeña charla con cuatro corderos de rango superior en seguridad y el boca a boca harían que se enterasen todos. "No pasa nada si sigue en el saco de arpillera y vosotros, a su vez, lleváis otro puesto" les decían. 
No tenían otra alternativa, sólo confiar en sus máximos responsables.

  Los corderos que tenían la garrapata no pudieron con ella. Nadie pudo encontrarlas. Terminaron sus días en las dependencias de seguridad.
Aunque aún quedaba una duda... ¿los corderos que los cuidaron estarían a salvo? ¿Habrían sido suficientemente eficaces los sacos de arpillera?
Para eso había una única indicación: vigilar el color de las pupilas y si variaba, avisar.

  Fueron pasando los días sin novedades hasta que un cordero empezó a sentirse mal.
  Avisó de lo que le pasaba y le dijeron que no fuese un cordero hipocondríaco, que la garrapata no era, si fuese así tendría que encontrarse mucho peor.
  Al siguiente día, estaba aún peor, sus pupilas habían cambiado ligeramente. Volvió a avisar y le contestaron lo mismo, que no pensara que fuera la garrapata, que sería un resfriado corderil sin más importancia.
  Al día siguiente estaba peor todavía. Sus pupilas eran muy diferentes a las que tenía ahora. Volvió a avisar tal y como le indicaron que hiciese y ya, por cansino, le dijeron que llamara a un vehículo de seguridad que le llevaría a las dependencias de seguridad más cercanas.
  El cordero, a pesar de su malestar, no se cansaba de decir y avisar a todos los que se le acercaban que podría ser la garrapata, aunque nadie le tomase muy en serio. Hasta que, finalmente, le hicieron las pruebas pertinentes y cuando llegaron los resultados fueron positivos... tenía la garrapata.

  ¿Cómo ha podido suceder? ¿Cómo es posible? 
¿Quién lo va a saber si ni los expertos en garrapatas lo saben a ciencia cierta? Menos mal que los pasteles son deliciosos...

  El país de animales variados se encontraba en estado de alarma. Tuvieron que reunirse el avestruz, la zorra y el cerdo para llegar a un acuerdo sobre lo que iban a contar a los corderos y, como animales que son, para eludir responsabilidades, ya que todo apuntaba a que no habían tomado buenas decisiones ni tenían las medidas apropiadas.
Tras cinco minutos de charla, estaba todo decidido:
-El avestruz haría lo propio, esconder la cabeza.
-La zorra haría lo suyo, decir que da explicaciones y luego, muy astuta, no decir absolutamente nada.
-El cerdo tenía su función, echar mierda, mucha mierda... al cordero.
Mientras, comerían los magníficos pasteles.

  Descubrieron que el cordero tenía un perro pastor que cuidaba de su casa. Según los expertos en garrapatas los perros pastores no eran afectados por éstas, pero el avestruz, la zorra y el cerdo tomaron otra decisión, esta vez, en menos de cinco minutos, matar al perro pastor.
¿Por qué? Les preguntaba el mundo entero, ¿por qué? No dieron respuesta alguna, simplemente lo hicieron. Y siguieron comiendo pasteles.

  Pasaron algunos días y la situación fue la siguiente:

  El cordero que tenía la garrapata luchaba contra ella y, de momento, iba ganando.
  El avestruz salió disparado hacia un lugar muy, muy lejano.
  La zorra se quedó en un plano de la cuarta dimensión para que nadie la pudiese encontrar.
  El cerdo sigue comiendo y bebiendo muy bien.

  Moraleja: 
  No hay garrapata peor que tener a un avestruz, una zorra y un cerdo adictos a los pasteles cuidando de todo el rebaño.

Fábula.
  Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

lunes, 29 de septiembre de 2014

¿Eso qué es?



  Me aburro.

  Y yo pues... ¡no me lo puedo creer!
  ¿Aburrirse? ¿Qué es eso?

  No entiendo, no está en mi vocabulario, ni en mi día a día, ¡ni en mi más lejano pensamiento!

  Debe ser una cuestión de, no sé, llamémosle actitud, quizá imaginación, puede que sea superación... adivina, no soy experta precisamente en este ámbito... lo que sí soy experta y además con honores es en la falta de tiempo para tantas cosas que quiero hacer.

  Porque siempre hay algo que hacer, ¡siempre! Pero es que yo, no contenta con ello, siempre me propongo retos nuevos, cambios, cosas por descubrir... y a mi lo que me faltan son horas al día.

  Dibujar. Oh, dibujar... pendiente lo tengo... Quiero, pero se queda en último lugar, "a ver si mañana tuviese tiempo", "a ver si mañana tuviese un rato", "a ver si..." Y duele, duele querer y no encontrar el momento, pero se queda pendiente porque también hay buscar prioridades, por supuesto.

  Escribir. Oh, escribir... y lo que me gusta a mí... Y mi blog, aquí, esperándome durante todo el verano y principio de otoño... Pero las prioridades son las prioridades y no se pueden dejar... Y aquí, subiendo el listón. Ya que estamos, que me gusta, que me divierte, que me transporta... ¿y si escribo un libro? ¡Venga! Será complicado, que sí, que lo sé y ni si quiera se me ocurre ponerlo en duda... He aquí otro reto, para cuando tenga tiempo...

  Cocinar. Bueno, cocinar no es que me entusiasme, pero es una necesidad alimentarse y, ya que hay que hacerlo, hagámoslo bien. ¡Vamos a probar recetas nuevas! Estupendo, pero requiere su tiempo con lo cual, tiempo que me quito de hacer otras cosas que me rondan en mi cabeza. Aquí sí que hay prioridad... faltaría más.

  Y así podría hacer una larguísima lista. 
El resultado es que un día tiene veinticuatro horas, no más. Que por mucho que me acueste tarde y me levante temprano no son más horas diarias, siguen siendo veinticuatro. Que mi tiempo se escapa en prioridades y en planear retos, cuando me quiero dar cuenta ¡zas! se escapó otro día.

  Así que, decidme, ¿qué es aburrirse?